¿Puedo permitirme el lujo de sugeriros que veáis un documental? No lo haría si no creyese que merece la pena. Se llama Zeitgeist, y aunque podéis encontrarlo en la mula con subtítulos en castellano sin demasiados problemas, lo cierto es que podéis verlo ya mismo aquí en más o menos las mismas condiciones, y de forma oficial, ya que es de distribución gratuíta sin ánimo de lucro. Merece la pena que reservéis dos horas para verlo, y el tiempo que sea necesario para asimilarlo e investigar un poco por vuestra cuenta. Nadie puede deciros lo que debéis pensar, sacad vuestras propias conclusiones. A mí me lo recomendó Morti en Ripoll, y considero que ha sido tiempo bien invertido. Prefiero que veáis el documental a que leáis el post, que a fin de cuentas, como todas las crónicas de conciertos, lo escribo para mí mismo.
Vamos allá.
Hay una constante antes y después del concierto de Skizoo en Ripoll: mi aparente incapacidad para superar la última misión de GTA IV. Minutos antes de salir camino de la estación de tren estaba jugando esa misión, con resultados desastrosos (estrellaba el helicóptero por no recordar bien cómo se pilotaba). Lo dejé, pensando que a la vuelta me resultaría más fácil, y me fui a la estación. El viaje fue tranquilito, charlando con Elena Catalán (que eligió el mismo modo de llegar hasta allí que yo, por lo que decidimos ir juntos), intentando ver algo por la ventanilla (llovía, el cristal estaba empañado, no se veía gran cosa…), y descubriendo que Jorge (Escobedo) nos había dicho exactamente lo mismo a ambos tras el concierto de Barcelona en Febero. Vaya, que los dos teníamos un serio problema de actitud. Íbamos en el último vagón, sólos la mayor parte del viaje. Yo me preguntaba si aún existirían los revisores, por eso de que hoy día todo está bastante automatizado. Casi en la última parada aparece uno, que tenía un ojo p’allá, así que sí: existen los revisores. De momento al menos. El mismo tipo nos informa de que en realidad el sitio del concierto no está demasiado lejos de la estación. En fin, llegamos a Ripoll minutos después de las siete de la tarde, y resulta ser incluso más pueblo de lo que yo pensaba que sería. Pueblo catalán, pero pueblo al fin y al cabo. Llovía, para variar, y empiezo a arrepentirme de no haber ido más abrigado. Por la calle preguntamos a otro tipo, y nos responde empezando con un “UUUYYY!!!“, y luego las instrucciones son bastante tontas “Todo recto hasta un puente, lo cruzáis, y todo recto hasta la plaza“. Bueno, con el UUUYYY!!! podía parecer que nos esperaba la travesía del desierto, pero os aseguro que no estaba más lejos que mi librería de comics habitual. En fin, un pueblo, con mentalidad de pueblo. Por el camino me fijo en la casi total ausencia de semáforos. Pasa una cosa: durante mi adolescencia pasé un par de veranos en Daroca, un pueblo en la provincia de Zaragoza. Lo de pueblo tal vez les moleste, porque hubo no-se-qué rey que decidió concederles el status de ciudad. Buscadlo en Google. Pero vamos, que a todos los efectos es un pueblo, y hoy día no pasaría el filtro de ciudad (a partir de 10.000 habitantes). Allí hay una de esas cosas que hace que los católicos flipen con rayos láser y todo: unas hostias consagradas que un buen día decidieron ponerse a sangrar. En fin, Ripoll no es más grande que Daroca, creo yo. Se suponía que Ripoll estaba en fiestas, pero tal vez la lluvia lo mandó todo al cuerno, porque allí no había nada, absolutamente nada. Me fijé en que de vez en cuando pasaba gente joven más o menos arreglada, pero poco más. La carpa donde debían actuar Skizoo era el único indicio tangible de que allí iba a pasar algo.
Nos encontramos en un restaurante frente a la carpa con unos cuantos más de Partir de Cero (Carmen, Javi, y Jani), de los pocos que íbamos a estar allí ese día. Al parecer una frase mía en ese momento ha pasado a la posteridad: alguien hablaba de buscar Jägermeister, a lo que yo respondo “Si no hay semáforos, ¿cómo esperas que haya Jägermeister?“. Al poco pasan Morti y Cinty por delante de donde estábamos, y les saludamos a través de la ventana. Entonces el resto de Partir de Cero nos pregunta si no les hemos visto antes, porque resulta que también venían en tren, y la verdad es que no les vimos, aunque debían haber venido en el mismo tren que nosotros porque el siguiente llegaba casi dos horas después. Nos pasamos por la prueba de sonido un poco después, y dentro estaban Morti y Cinty observando, y el resto del grupo sobre el escenario. Morti me cuenta que hay un problema, para variar (tres de cada cuatro visitas de Skizoo a Catalunya cuenta con problemas técnicos, siempre guitarrísticos): a Antonio se le ha roto una pieza vital de su megapedalera, y la actuación peligra seriamente. Al final consiguen arreglarlo en parte, y la actuación sigue adelante, obviamente, aunque con alguna limitación (no tocarón ni Arriésgate ni Algún Día debido a esa avería). Hablo un rato con Cinty, una de las tres personas más simpáticas que he conocido, mientras prueban sonido. Le digo “Creo que en Ripoll no saben a quién han traído“, y poco después aparece Morti diciendo “Se cancela la prueba de sonido hasta dentro de una hora, que aquí al lado hay una coral y les estamos molestando“. Dicho y hecho.
Siendo totalmente sincero, debo decir que yo dudaba de que realmente Skizoo fuesen a actuar en las fiestas de Ripoll. La cosa fue más o menos así: me llegó un email de Partir de Cero anunciando esa fecha, y de algún modo mi cerebro no procesó la información. Para mí ese concierto no existía hasta que Elena me envió un privado preguntando si pensaba a ir. Entonces y no antes fue cuando caí en la cuenta de que Skizoo iban a Ripoll. Y aún así no iba a creerlo hasta que hubiese acabado la actuación, me resultaba raro que siendo un grupo que no se prodiga demasiado por Las Cataluñas (por cada diez actuaciones en Madrid o en Murcia, hay una o ninguna en Barcelona), fuesen a las fiestas de un pueblo de Girona. Pero sí, era verdad, y lo pasé de puta madre, y mereció la pena cada segundo que pasé allí.
Pasamos la tarde haciendo el tonto, para variar, entre bailar el Chiki Chiki en plena calle y teorizar sobre todo lo teorizable (el grupo que actuaba después de Skizoo, llamado Gazpacho, generó no pocas tonteorías). La verdad es que faltaban muchas, muchísimas horas para el concierto, y había que aprovecharlas de alguna manera. Skizoo actuaban a la una y media de la madrugada, pero los de Partir de Cero teníamos intención de ver también a los que actuaban antes, Inoquo, que parecían majetes. Nos metimos en un restaurante distinto al anterior, y allí estaban Morti y Cinty. Al poco aparecieron también Dani y Edu. Y allí ví (¡primicia!) una foto chulísima que llevaba Edu en su móvil, material promocional de su próximo disco que, me dijo, se habían hecho en Viena. Tiene muy buena pinta, francamente. Tras un rato allí les llamaron al móvil para que volvieran a la carpa, pues iban a reanudar la prueba de sonido. De lejos escuché Arriésgate, mi favorita -junto a Esta Locura-, que como he dicho se cayó del setlist de la actuación. Nos pasamos por la prueba de sonido, y allí había más gente de Partir de Cero, Víctor, su señora, y su niña, Lara, que con apenas 9 años ya iba con su camiseta de Skizoo y dispuesta a enfrentarse a un concierto que acabaría pasadas las 3 de la madrugada. No recuerdo muy bien lo que pasó desde entonces. Sí recuerdo que en algún momento entre aquello y las doce de la noche volvimos a aquél restaurante y cenamos, los de Partir de Cero. También apareció por allí Ernesto, de Embellish (hay mucho cachondeo en Partir de Cero con el hecho de que yo sea amigo suyo, por eso de que es un grupo non-grato entre los que los sufrimos como teloneros el 31 de Marzo de 2007… pero eh, Ernesto es un buen tipo, de verdad que sí). Yo cené una Hamburguesa #5, que lleva queso, cebolla, lechuga, y tomate, riquísima, enorme, deliciosa, debería volver a Ripoll para comer otra. Eso, y unas patatas bravas, que al parecer a Javi le picaban muchísimo, pero a mí me parecieron muy light. Me gusta la comida picante, pero picante de verdad. Y entre jijijis-jajajas y bla-bla-blas llegó la medianoche, y fuímos a ver a Inoquo (y ya de paso a apoderarnos de la primera fila).

Inoquo, molones
Inoquo bien, sinceramente. Iván Lagartija, el cantante, se había puesto en contacto conmigo un par de días antes, para aclarar algunas dudas que teníamos en Partir de Cero respecto al concierto. Era otro factor para dudar de la existencia de esa actuación: no había forma de saber con certeza la hora o el lugar concreto en el que se celebraría. El Sr. Lagartija se enteró de nuestras dudas, y me sopló hasta la hora de la prueba de sonido de Skizoo. También que daba igual si llovía, porque sería en una carpa. Lo mejor de Inoquo es la carga energética que lanzan desde el escenario, no sólo con su propia música, sino intercalando muy acertadamente fragmentos de Bohemian Rhapsody o Enter Sandman (con la que me arranqué a berrear como un poseso, y Jani, a mi derecha, me miró asombrada) (igual lo he dicho o insinuado ya una docena de veces, pero Metallica es mi grupo favorito desde que empecé a elegir los discos yo solito, ya superada la fase de Los Pitufos, Parchís, y Europe, y antes de que Smashing Pumpkins se cruzasen en mi camino). En fin, buena actuación, en la que el Sr. Lagartija se acordó de Partir de Cero desde el escenario, agradeciendo que estuviésemos allí y les animásemos. De nada, hombre, un placer. Y acabaron, y empezaron a pasearse los técnicos sobre el escenario mientras sonaba música. Lo típico, vaya.

Una cocorota de segurata frente a Morti
Entonces sucedió algo inesperado: aparecieron tres seguratas, dos se colocaron a los lados, y uno justo delante de mí, entre una valla cutre y el escenario. Os aseguro que en Apolo o en Razzmatazz 2 no había tanta seguridad, y desde luego no había ningún segurata justo en el centro del escenario. Total, que tuve a aquel tipo mirándome fíjamente durante toda la actuación de Skizoo. Hasta sale en alguna de las fotos que hice. Eh, era uno de esos seguratas-maduros-pero-guays: llevaba pendiente. Creo que podemos hablar de exceso de celo por parte de la organización. Pero bah, pasando del tema, tampoco es que me impidiese disfrutar de la actuación, pero como poco fue chocante. Momento película española protagonizado por los seguratas: había llegado la hora de que saliesen Skizoo al escenario, todo estaba listo según los técnicos, pero… el segurata de mi izquierda se acerca al del centro, y oigo perfectamente cómo dice “No encuentran a los músicos“. Lara, la chiquilla de 9 años que mencionaba antes y que estuvo justo a mi izquierda durante el concierto (hasta hacía la señal de los cuernos), repetía por lo bajini lo que acababan de decir. Va, en serio, salgamos de dudas: ¿iban a actuar en Ripoll sí o no?

Pues claro que actuaron en Ripoll
Aparecieron, con algo de retraso, pero aparecieron. La música de apertura fue la mejor que han usado hasta la fecha, y de hecho la única que soy capaz de recordar: fue ese tema ultrareconocible de 28 Días Después / 28 Semanas Después, dos pelis que me encantan, cada una a su manera (no soy uno de esos fans lloricas del género zombie). Y empezaron, y siguieron, y acabaron. No recuerdo el setlist completo ni el orden, y tampoco me parece muy relevante. Utilizaron eso que Morti me dijo que llama El Bocadillo: empezar con Sólo Estás Tú, y acabar con Renuncia Al Sol, lo que han hecho siempre y me resultaría extraño ver cómo llega a su fin (aunque imagino que algún día harán cambios). Entre medias casi todos sus singles (menos Arriésgate y Algún Día), y unas cuantas de sus primeros dos discos. Durante la prueba de sonido Morti nos había dicho que no iban a tocar nada de su próximo disco, al contrario que en el Viña Rock una semana atrás, en el que tocaron dos nuevas canciones. El caso es que Carmen y Jani, que están fatal de lo suyo, cantaron el estribillo del nuevo single, Skizoofrénico, al acabar una canción. Morti se puso a cantar también. La actuación prosiguió según el setlist. De nuevo en el intermedio las muchachas se pusieron a cantar Skizoofrénico, y de nuevo Morti las acompañó. Y entonces sí, totalmente improvisado, Skizoo tocaron en directo Skizoofrénico. Mi opinión es que suena realmente salvaje en directo, atronadora como debe ser, con la primera parte del solo interpretada a dúo entre Jorge y Antonio (un tópico de la música metalera que, bien ejecutado, merece ser visto, y así ocurrió en Ripoll). Pero aún con su sonido casi death metalero, conserva una característica fundamental de Skizoo, aquello que nos enamoró a todos: uno puede acompañar a Morti con la voz y poner su alma en ello. Hay quien echa en falta más agresividad en la voz de esa canción, o más velocidad, hay quien dice que suena demasiado a Incerteza (el disco, así en general). Yo, por contra, opino que suena a Skizoo. Han creado un estilo personal e intransferible, y Skizoofrénico evidencia todas las claves de Skizoo, desde la magia de la voz y las letras de Morti, hasta la habilidad de unos musicazos de élite como son Jorge y Antonio y Edu y Dani. Están lejos de aquél grupo que se juntó deprisa y corriendo para grabar un disco: con tantos conciertos a sus espaldas (prácticamente no han parado), y tres discos grabados en apenas cuatro años, Skizoo son ahora un grupo realmente compenetrado, mucho más fluido sobre el escenario y, sospecho, en el estudio.

Durante la actuación Morti le hizo la burla un par de veces al segurata, y me miraba o señalaba a mí después. Yo me aguantaba la risa como podía, no quería problemas con el segurata-guay-con-pendiente. En cierto momento, ya hacia el final, Morti bajó del escenario para cantar sobre un altavoz que había justo al lado del segurata en cuestión, y el tipo se dio la vuelta. Creo que le molestó ese stunt loco por parte de El Señor de las Moscas (es un símbolo de regeneración, no le déis más vueltas). Fue una muy buena actuación, no mi favorita, pero tal vez sí mi segunda favorita de las cinco veces que los he visto ( no sabría decir cuál fue mi favoritísima: ¿Mephisto? ¿Razz-2?), con un Morti especialmente enérgico y comunicativo.

Y con Renuncia al Sol se acabó el asunto. Al rato estaban fuera de la carpa, con su habitual sesión de fotos y firmas y demás, de la que por primera vez decidí no participar. Ya me he hecho muchas fotos con ellos, y ya me han firmado muchas cosas, así que supongo que, como decían aquellos, todo lo que tiene un principio tiene un final. Pululo por allí, hablo con Antonio, con Morti varias veces y con Ernesto de Embellish, que resulta que también vio a Paradise Lost y HIM y no nos encontramos. Le digo que puede que vaya a ver a Embellish en Junio. En fin, mucho bla-bla-bla, vuelve a llover, hace frío, todo el mundo está cansado, y los de Partir de Cero se largan en coche. Había sitio para mí, pero no me apetece nada viajar en coche, supongo que los más viejos del lugar os haréis una idea de mis motivos para no hacerlo. Morti me pregunta por el tema, y le cuento una versión muy resumida del asunto. Ahora no se si su cara mostraba comprensión, u ocultaba las ganas de darme una colleja y gritarme “¡Supéralo!“. Digo que me espero al primer tren a Barcelona (salía a las 7:45, eran las 4:15 de la madrugada), y la gente se va, un pelín preocupada por dejarme allí con un futuro incierto (Jani dixit). Skizoo no tardan mucho más en irse en su coche, igual que Ernesto (que de nuevo me ofrece ir con él), y allí nos quedamos Morti, Cinty, una amiga de esta cuyo nombre no recuerdo (aunque sí su nick: Bendecida, pero que yo sepa no forma parte de Partir de Cero), y el chico que iba con ella. En algún momento antes de que se fuese Ernesto, que estaba con Morti, se nos acerca un lugareño bastante perjudicado al chico cuyo nombre no recuerdo y a mí y nos felicita por nuestra (presunta) actuación. Un poco descolocados decimos “Gracias…“, y el tipo se va levantando el pulgar en plan “OOOOOOKEYYY!!!“. Gente rara, fuente inagotable de anécdotas.
Total, que quedamos Morti, Cinty, Bendecida, y el muchacho este, y Morti me pregunta: “Chaiko, ¿qué vas a hacer tú?“. Resignado con las tres horas de aburrimiento y vagabundeo que tenía por delante digo que pensaba esperar al tren. Y aquí llega uno de esos gestos que agradeceré hasta el fin de mis días: Morti dice de ir al mismo restaurante en el que habíamos cenado los de Partir de Cero, que seguía abierto e iba a seguir abierto. En realidad esas cuatro personas tenían un sitio donde dormir en Ripoll, y si yo no fuese tan rematadamente capullo con según qué cosas se habrían ido a dormir en ese momento, pero se quedaron en el restaurante hasta las 7 de la mañana. Aunque la busque, no voy a encontrar una palabra que muestre hasta qué punto estoy agradecido. Y la verdad es que pasé un par de horas largas muy buenas con ellos allí, con muchas anécdotas, muchas risas, y el placer de compartir espacio-tiempo con gente con la que me siento a gusto. Además resulta que todo el mundo allí parecía tener gatos, y la gente que tiene al menos un gato es sin duda gente de bien. En esa mesa no es la primera vez ese día que alguien me dice que lee este blog, y que le gusta cómo escribo, y más cosas que yo no acabo de asumir, pero bueno, cuando te lo dice gente tan distinta entre sí, en tantas circunstancias y lugares distintos, será que algo hay. Pero cuando te lo dice alguien que conoces desde hace cierto tiempo cara a cara y a quien aprecias, y de la que para rematar el asunto no tenías ni la más mínima idea de que te lee, lo valoras a un nivel distinto. En fin, la actuación estuvo realmente bien, la tarde-noche que pasé con mi familia de Partir de Cero es inolvidable, una más en la creciente lista de buenos recuerdos, pero para mí lo que hizo que el viaje mereciese la pena de verdad fue lo que pasó después.
En algún momento se nos une Iván Lagartija, de Inoquo, que confesaba que flipó cuando se enteraron de su actuación junto a Skizoo. Habían autoeditado su CD especialmente para la ocasión. Buena gente, sin duda. Hacia las 7 nos despedimos, Cinty insiste en que me quede un par de vasos de los montones que tenía de las fiestas de Ripoll (son de plástico duro, pone Ripoll, uno blanco, otro amarillo…), y yo le digo que se los regalaré a mi madre. Me dirijo a la estación de tren. Resulta que no abrían hasta las 7:30, un cuarto de hora antes del primer tren. Hacía un frío de cojones a esas horas. Hago una foto de un edificio ruinoso que se ve desde el andén de Ripoll, momentos antes de salir hacia Ciudad Moderna.

Habitada por no-muertos Ripolleses…
A las 7:45 llega el tren, y me largo a Barcelona. En cierto momento aparece el revisor: es el mismo tipo del día anterior, el del ojo p’allá. ¿Trabajó el último turno del día anterior y el primero del domingo? ¿No descansa nunca? Sin duda el proceso de los tickets de tren estaba completamente automatizado, y el tipo aquel era en realidad un robot. Estoy convencido de ello.
Total, que al llegar a Barcelona, muy, muy cansado, retomo GTA IV donde lo había dejado antes de irme, con esa maldita última misión. Vuelvo a fracasar. Esta vez no estrello el helicóptero, sino que intentando recordar los controles pulso Y, con lo que Niko salta del helicóptero. Lo doy por imposible, y me quedo dormido. Me despierto a la hora de comer, como, y me vuelvo a quedar frito. No me despierto hasta que ya es Lunes, de madrugada. Observo un poco la situación… y me vuelvo a quedar frito hasta prácticamente el mediodía. Creo que desde mi vuelta de Ripoll he dormido más y mejor que en toda la semana anterior junta. Y eso, claro, quiere decir algo. Finalmente consigo superar la maldita misión, y termino con la historia de GTA IV. Una vez logrado, tras tantos intentos, me parece una minucia. Por otra parte, a mi madre le encantan los vasos que me dio Cinty.
Escuchaba:








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